MUJERES Y VIH/SIDA EN MÉXICO

Guillermo Egremy Mendivil


Desde los inicios de la epidemia, a principio de la década de los ochenta, hasta fines de 1996, se han registrado 8 millones 400 mil casos de SIDA en el mundo, 40% de los cuales corresponden a mujeres. El tema mujer y SIDA empezó a generar una mayor preocupación entre los investigadores, médicos y autoridades de salud a principios de los noventa, debido a la propagación acelerada de la epidemia en este grupo. En países de Africa, como Ruanda, Uganda, Zambia y Malawi, se ha encontrado que del 20% al 30% de las mujeres embarazadas son portadoras del VIH y en el Africa sub-sahariana existen 6 mujeres con SIDA por cada 5 hombres.

En México se han reportado 4,361 casos de SIDA en mujeres acumulados desde el inicio de la pandemia al 1 de enero de 1998, correspondiendo al 14% del total de los casos registrados. Las entidades donde se ha presentado el mayor número de casos en mujeres son el Distrito Federal, Jalisco, el Estado de México y Puebla, y el grupo de edad más afectado se encuentra entre los 20 y los 44 años.

Actualmente existe una tendencia a la heterosexualización del SIDA en países, donde, al inicio de la epidemia, había un número mucho mayor de casos en hombres que en mujeres. En Francia, por ejemplo, el porcentaje de casos de SIDA en mujeres pasó del 12% al 20% en diez años. En ese mismo lapso en España subió del 7% al 19% y en Brasil del 1% al 25%. En México, en 1986, había 30 casos en hombres por un caso en mujeres. Esta razón ha disminuido y ha dado como resultado que desde 1988 exista por cada 6 casos de SIDA en hombres uno en mujeres. Este aumento de casos en mujeres se explica por una mayor vulnerabilidad a la infección por VIH con respecto a los varones, determinada por factores biológicos, epidemiológicos y sociales.

La Organización Mundial de la Salud ha estimado que en las relaciones heterosexuales, las mujeres don de dos a cuatro veces más vulnerables a la infección por VIH que los hombres. Una de las razones de esta mayor vulnerabilidad es la magnitud del inoculo. El semen de un varón infectado contiene una cantidad de células infectadas por VIH muy superior a la presente en los fluidos vaginales de una mujer infectada. Por otro lado, el epitelio vaginal y rectal es mucho más vulnerable a infecciones que aquel que cubre el pene, y el virus puede mantenerse vivo más tiempo en esos tractos, un una superficie de contacto mucho mayor.

Existen, además, algunos factores epidemiológicos que exponen a las mujeres a un mayor riesgo de infección. Las mujeres suelen casarse o establecer relaciones de pareja con hombres mucho mayores que ellas, que por lo general han tenido más experiencias sexuales y, por tanto, una mayor probabilidad de haberse infectado con el VIH. Otro factor epidemiológico se refiere al hecho de que las mujeres suelen necesitar transfusiones sanguíneas más frecuentemente que los hombres, sobre todo en función de complicaciones durante el embarazo y/o el parto.

Sin embargo, son los factores sociales los que probablemente ponen más en riesgo a las mujeres. Las normas sociales y las representaciones culturales establecen patrones de conducta diferentes para cada uno de los géneros, que se traducen en desventajas para las mujeres con respecto a los hombres en distintas esferas de la vida social. La desigualdad de oportunidades educativas y laborales de las mujeres, aunada a la persistencia de estos roles genéricos tradicionales, desemboca en la dependencia y falta de poder social de las mujeres, lo que en el contexto del VIH/SIDA tiene consecuencias graves.
Muchas mujeres no conocen las prácticas sexuales de sus compañeros fuera de los limites de la propia relación de pareja, por lo que no tienen conciencia de estar en riesgo. Y para aquellas que sí tienen alguna percepción de estar en riesgo es difícil negociar la adopción de medidas que las protejan de un eventual contagio.

Uno de los indicadores que permiten entender las consecuencias del SIDA entre las mujeres mexicanas, es que esta enfermedad ocupó en 1997, el decimoprimer lugar como causa de muerte en mujeres de entre 25 y 34 años, mientras que en 1988 se ubicaba en entre las primeras 20 causas de muerte.



[Regreso a la página principal]