HOMOFOBIA Y SIDA

David Alberto Murillo


ANTECEDENTES

En nuestro país desde siempre el sexo, la genitalidad y sobre todo la sexualidad han sido temas tabúes, prácticamente ningún joven recibe información de sus padres, que además no permiten que se las proporcionen en las escuelas, alegando que ese es un asunto que debe tratarse en el seno familiar.

Los maestros y maestras continúan hablando de flores, abejas y gallinas para explicar la reproducción y aún con libros de texto explícitos sobre el tema de la sexualidad humana, muchas veces los docentes se "saltan" estas páginas y continúan con el discurso anterior.

Se construye una equivalencia de la sexualidad con lo prohibido, con la transgresión, todo lo cual se hace crítico e inaceptable cuando se trata de una expresión de la sexualidad que no coincida con el fin de la reproducción.

En México la homofobia es por lo tanto, un fenómeno muy anterior a la aparición del VIH/SIDA, que en ocasiones se manifiesta con expresiones de violencia y en la mayoría con demostraciones de desprecio, de incomprensión y de intolerancia.

Este problema no es exclusivo de las grandes urbes, se da en todo el país, con muchas variantes, todas ellas lamentables y con muy contadas excepciones, casi siempre en pequeños poblados costeros. Tampoco lo es de un grupo social, se manifiesta tanto en las clases humildes como en las pudientes.

Las razones son muchas, destacando la concepción machista del hombre, que ante esta "transgresión" para muchos supuestamente inexplicable, se ve vulnerada, en peligro. Otras razones son la falta de información, de educación, la creación de mitos nacionales.

Los hombres heterosexuales se consideran ajenos al VIH/SIDA por pensar que es una enfermedad propia de los homosexuales. En un país tan machista como el nuestro, donde la homosexualidad no es aceptada, el SIDA se torna invisible, inexistente, para unos el SIDA les es ajeno, a otros les es imposible adoptar medidas de prevención por el miedo de que se piense que eso plantea la posibilidad de que se esté en una condición de riesgo debido a una supuesta preferencia sexual.

Quizás por esta situación de desprecio, y a pesar de que la población homosexual es actualmente la más afectada, las intervenciones de prevención dirigidas a este grupo en particular no se realizan, porque, además, frente a la obligación de prevenir surge con mayor fuerza el temor a las consecuencias de enfrentar a una sociedad homofóbica, que seguramente interpretaría las campañas como una promoción a estas prácticas poniendo en riesgo a la niñez y a la juventud.

En muchas ocasiones en una relación homosexual, el hombre activo no se siente homosexual, conserva su idea de macho por ser quien penetra, el agresor, el que somete al otro hombre, al homosexual, al que recibe, y por ello el que da no se siente en riesgo.

Inclusive en ocasiones el macho percibiendo el riesgo, se la juega, Ħque para eso es macho!

Hay que considerar que para la población en general, los estereotipos homosexuales son hombres amanerados, que se visten de mujer o que intentan imitarlas en lo posible, hombres que tienen bien definido su rol, inclusive de trabajo, son modistos, peluqueros o decoradores.

Estos estereotipos muchas veces se ven fortalecidos por las manifestaciones organizadas de los homosexuales, como la marcha del orgullo gay, a las cuales una gran parte de los hombres con esta preferencia sexual se abstienen de participar porque no comparten estas expresiones que los acercan en su apariencia a las mujeres.

El macho tolera en algunas ocasiones al homosexual cuando no se aparta de su estereotipo, el jotito que peina, que hace vestidos, que vende comida o arregla la casa ajena, que se mantiene sumiso y en una condición de inferioridad, pero le es difícil aceptar que un hombre de conducta totalmente de acuerdo con su género masculino resulte homosexual, en ocasiones lo considera una traición.

Así que muchos de estos hombres prefieren mantenerse en el anonimato sexual, ser de "closet", aunque en esto intervienen muchos otros factores.

Frente a toda esta imagen nacional del homosexual, las mujeres comparten la concepción de que a los hombres con prácticas homosexuales no les gustan las mujeres, no imaginan siquiera que sus maridos, sus hombres, puedan tener relaciones con otros hombres.  Una de las razones es la falta de poder que les impide conocer de manera correcta las manifestaciones de la sexualidad humana y la problemática del VIH/SIDA. Esa misma falta de poder hace que, aún conociéndolo, no puedan negociar medidas preventivas como el uso del condón, y en esto comparten muchas de las características y vulnerabilidades de los homosexuales pasivos.
 


ATENCIÓN MÉDICA

La homofobia es uno de los principales obstáculos para que los pacientes reciban una atención médica de calidad, un trato humano y el respeto a sus derechos fundamentales.

El rechazo a la homosexualidad, así como su asociación con el VIH, creó un antecedente social muy negativo que provocó que muchas personas que vivían con VIH/SIDA tuvieran que ocultar su estado, y que muchas otras que sospechaban ser portadoras del virus decidieran no averiguarlo para no tener que enfrentar una realidad tan temida y tan satanizada, lo cual impidió una respuesta médica y permitió que el mal avanzara y sólo recibiera atención cuando aparecían sus manifestaciones.

La aparición del SIDA puso en evidencia la homofobia de muchos médicos, que repudian el tener que atender a pacientes que por vivir con el VIH son sospechosos de una conducta sexual "antinatural", son profesionales de la salud que no dudan en asentar la palabra SIDA en documentos donde es innecesario y aún la estigmatizadora homosexual.

Desde luego que hay médicos con una gran calidad humana, profesionales de la salud que lo dan todo en beneficio de sus pacientes, que tienen que atender un gran número de enfermos, ante el crecimiento de la enfermedad y por la falta de especialistas en VIH/SIDA.

Pero hay médicos que se niegan a tratar casos de VIH/SIDA, no tanto porque sientan temor de adquirir la enfermedad, porque a 15 años de la aparición de la epidemia en México esto no es justificable, sino porque sienten animadversión por una persona que presumen tiene preferencias no heterosexuales.

Este rechazo los impulsa a crear barreras o situaciones discriminatorias para la atención. En algunos servicios especializados de las instituciones de seguridad social, atienden hasta al final de la consulta a los pacientes con VIH/SIDA, o se niegan a atenderlo, alegando que es debido a que si fuera de otra manera, estos pacientes contaminarían el instrumental y aún la sala en perjuicio de los demás. Este argumento carece de valor científico, pues considerando que el 90% de las personas que viven con el VIH/SIDA desconocen su estado de salud, el médico no está en posibilidad de saber cuál de sus pacientes tiene el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, por lo que es en todos los casos de vital importancia que cumpla con su obligación de esterilizar debidamente el instrumental después de cada uso, y además debe considerar que el virus no se contagia por vía aérea, por lo que es imposible que una persona con VIH/SIDA, contamine la sala y tomando en cuenta que hay otras enfermedades con mayor capacidad de contagio que el VIH.

Desdichadamente esta percepción es compartida por otros médicos que laboran en hospitales privados de primera categoría en la capital del país, aunque alegando que esta medida discriminatoria es para evitar que el paciente con VIH se contamine de pacientes de otros padecimientos. Confesando de paso de esta manera que no realizan las medidas de precaución universal durante y posteriormente a la consulta de cada enfermo.

Esta situación de discriminación y rechazo se observa también entre el personal paramédico, aunque en las grandes urbes, justo es decirlo, ha disminuido; sin embargo, en algunas comunidades inclusive el personal de salud proporciona información que permite que se divulgue públicamente el nombre de quienes obtienen un resultado positivo a la prueba de detección del VIH.


ENTORNO SOCIAL

En este marco social y cultural es que aparece la pandemia del SIDA en México.

En el mismo momento en que se conoció de la existencia de la pandemia, los medios de comunicación masiva la calificaron con nombres que denigraban a los homosexuales, porque se pensaba que era una enfermedad característica de ellos, "peste rosa" "enfermedad de mujercitos" "el SIDA cura la homosexualidad" y frases similares crearon en la sociedad un concepto de SIDA igual a homosexualidad y para muchos fue la confirmación de que esta práctica sexual era antinatural y el SIDA era la respuesta esperada, por no decir el castigo merecido a los transgresores.

Un importante jerarca de la iglesia católica afirmó que era un castigo divino por la conducta antinatural de los homosexuales.

Todos estos antecedentes y otros crearon un ambiente social muy negativo, que provocó que muchas personas que viven con VIH/SIDA tuvieran que ocultar su estado y muchos otros que sospechaban ser portadores del virus, decidieran no averiguarlo para no tener que enfrentar una realidad tan temida y tan satanizada, lo cual impidió una rápida respuesta médica, permitiendo que el mal avanzara y solamente se atendiera en el momento en que aparecían sus manifestaciones.

Las consecuencias iniciales de la homofobia hubieran sido aún más devastadoras si no hubieran existido grupos de liberación homosexual, que fueron los primeros en tomar la bandera del trabajo en SIDA.

Ello se debió en primer lugar a que estos grupos contaban con la estructura de acción necesarias para enfrentar la emergencia en que siempre han vivido los homosexuales y en segundo lugar en que al inicio de la pandemia, la mayoría de los infectados fueron personas de esta preferencia sexual.

La homofobia nos paraliza, no permite ningún avance sobre aquello que signifique sexualidad y donde asome, aunque sea mínimamente la homosexualidad.

Cuando estuvo en la cárcel, el famoso pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, se interesó por los múltiples problemas de los presos confinados en la crujía destinada a los homosexuales; sin embargo, sus amigos y parientes lo desalentaron ya que una imagen tan fuerte como la de él, podría sufrir bajo la sospecha de ser también un homosexual.

Cualquier legislador que trate de modificar las leyes para mejorar el entorno de la homosexualidad se arriesga a ser señalado con el índice acusador de la sospecha, y esto es tan fuerte que se extiende de manera automática al VIH/SIDA.

En México la presión social es tan fuerte,  que muchas veces un hombre con una preferencia homosexual, decide contraer matrimonio para guardar las apariencias, lo que seguramente derivará en que tenga relaciones extra maritales, algunas de las cuales serán de alto riesgo para él y para su esposa.

Igualmente el grupo de hombres bisexuales tiene que mantener oculta esta preferencia, con las mismas probables consecuencias arriba anotadas.


EDUCACIÓN

La educación formal e informal refuerza siempre la homofobia, ya sea por omisión o por comisión. Por omisión, porque al no hablar de las diferentes expresiones de la sexualidad humana, valida lo que se dice en la calle de prácticas diferentes a la reproductiva; el maestro que habla de pollitos, abejas y florecitas deja a sus alumnos en la más completa indefensión frente a conceptos equivocados y aún tendenciosos sobre quienes tienen otras preferencias sexuales. Por comisión, porque muchas veces son los maestros los primeros en estigmatizar la homosexualidad, burlándose inclusive de algún alumno que de manera esporádica o permanente tiene alguna actitud delicada o algún amaneramiento que el maestro interpreta para sus alumnos como una falta de hombría, una mariconería.

En la educación informal el homosexual pasivo tiene que jugar socialmente el rol sumiso de la mujer, debe permitir todo tipo de agresiones, tanto verbales como físicas.

La lucha contra la pandemia cruza necesariamente por los terrenos de la educación, educación sobre sexualidad, no solamente sobre sexo, educación que permita a los niños y niñas con preferencias diferentes a la heterosexual conocer sobre sí mismos con su propia verdad y no con la de otros que a ellos no les corresponde.

Quizás por esa situación de desprecio y a pesar de que la población homosexual es actualmente la más afectada, las intervenciones de prevención dirigidas a este grupo en particular se ven entorpecidas, por la constante oposición de los grupos conservaduristas.

El VIH/SIDA es en primer lugar un problema de Derechos Humanos. En todas las irregularidades, estigmatizaciones, falta de atención, se están violando los derechos de estas personas e inclusive de quienes les rodean.


AUTOESTIMA

Todo lo anterior lesiona profundamente la personalidad de quien vive con el VIH/SIDA y aún de quien teme estar infectado.

Parece que todo se conjuga para disminuir su autoestima, primero por haber tener preferencias diferentes a las de la mayoría de la gente, luego por haber tenido relaciones sexuales, por haber experimentado placer con y en su cuerpo, y finalmente por que estas relaciones trajeron como consecuencia un castigo esperado y en ocasiones considerado como justo.

La homofobia disminuye a la persona, le hace minusválida, provoca que se desinterese de sí misma y de todo lo que le rodea, que en ocasiones prefiera no practicarse un examen para no enterarse de una nueva devaluación; que prefiera también seguir teniendo relaciones de riesgo para no tomar conciencia de su situación de vulnerabilidad.

Esta situación causada en parte por la homofobia ocasiona también que el paciente no logre un cabal apego al tratamiento, que se rompa la adherencia a los medicamentos, con las consecuencias negativas para su salud.

Claro que no todas estas situaciones son siempre causadas por la homofobia, el simple hecho de saberse infectado por una enfermedad hasta ahora considerada mortal, es razón suficiente para el abatimiento de muchas personas, pero el factor homofóbico ciertamente exacerba estos problemas.

También es cierto que para muchas personas no representa un grave problema su preferencia sexual, pero es muy posible que para la mayoría si lo sea, sobre todo cuando se percibe que una cosa llevó a la otra.

La homofobia afecta los trabajos de prevención, la atención médica y la calidad de vida de las personas que viven con VIH/SIDA.



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