MIGRACIÓN Y SIDA EN MÉXICO

por el doctor Mario N. Bronfman Pertzovsky


Desde el comienzo de la epidemia, el SIDA ha estado asociado a los movimientos poblacionales. Su diseminación a través de los diferentes países ha sido ligada con frecuencia a los viajes internacionales y, especialmente, a las migraciones laborales. A pesar de este consenso, el tema ha sido poco investigado a nivel internacional, regional y local. En un análisis de los trabajos presentados en los primeros cinco congresos internacionales sobre VIH/SIDA (2) se pudo constatar que sólo 34, entre más de 30 mil trabajos presentados, se referían a la relación migración/SIDA y, de ellos, nada más cuatro hacían referencia a México. En el último Congreso realizado en julio de 1996, en Vancouver, Canadá, los trabajos que tomaron en cuenta la migración ascendieron a un total de 36, en el total de 5,254 presentados y de ellos 5 hacen referencia al problema de México. La situación no mejora mucho si analizamos los Congresos Nacionaìes sobre SIDA. En resumen, se trata de un tema definido y aceptado como central, pero que no se ha reflejado en investigaciones concretas que pretendan aportar elementos para su comprensión. En el caso de México, este es un problema especialmente importante por las características geográficas, económicas y sociales de nuestro país y de la región en la que está situado. Podríamos decir que México limita al norte con el primer mundo y al sur con el subdesarrollo; se generan así tres tipos de problemáticas: las que corresponden a cada una de las fronteras y la que se deriva del hecho de ser un territorio usado como paso para que los migrantes centroamericanos traten de llegar a la Unión Americana. Por ello, hablar de migración y SIDA en México obliga a ser cautos en la generalización y a prestar atención especial a las especificidades.

México comparte una extensa frontera con los Estados Unidos de Norteamérica, el país que tiene la mayor cantidad de casos de SIDA en el mundo y una de las tasas más altas. Desde el siglo pasado ese país es el destino de una masa migratoria cuyo número ha sido creciendo con el tiempo. Para el problema que nos ocupa, el SIDA, conviene destacar que estos migrantes provienen de áreas donde las tasas de infección y de SIDA son sensiblemente inferiores a las de los lugares de destino. Estos, a su vez, se cuentan entre los más afectados de la Unión Americana. Un elemento importante a considerar son las características de estas corrientes migratorias, en su mayoría hombres solos en edad activa laboral y sexual, que, sumadas a las costumbres más liberales de los lugares de destino y a la situación de stress y depravación afectiva que los coloca su condición migratoria, los expone a la experimentación de prácticas sexuales que implican un mayor riesgo para la adquisición del VIH. Al retornar a sus lugares de origen, en su mayoría localizados en áreas rurales, pueden ser el vehículo para iniciar una cadena de contagio que conlleva riesgos adicionales a los que tiene la epidemia en las áreas urbanas. Este hecho pudo ser constatado en dos investigaciones que llevamos a cabo en los últimos años. La primera analizo una corriente migratoria que va de un ámbito rural, Gómez Farías en Michoacán, a un área semiurbana de producción agrícola, Watsonville en California (3). La segunda se realizo con migrantes temporales mexicanos a la ciudad de Los Ángeles (4), con el objeto de especificar los hallazgos de la anterior en un área urbana donde la oferta de comportamiento de riesgo era mucho mayor, en ambas se pudo confirmar la hipótesis de que los migrantes se ven involucrados en prácticas de riesgo que los exponen al contagio por el VIH y que podrían ser los vehículos que explican el incremento constante de casos de SIDA en el ámbito rural de nuestro país.

La frontera norte de México se caracteriza, además, por un intenso intercambio de cruces fronterizos en ambas direcciones, generándose una dinámica muy peculiar en la que los hábitos y las prohibiciones de las áreas vecinas funcionan como disparadores de prácticas de riesgo con consecuencias altamente deletéreas. A modo de ejemplo, baste señalar que la drogadicción intravenosa, que no constituye un factor de riesgo en la República Mexicana, está fuertemente incrementada en la frontera norte del país y es en los estados limítrofes donde se constituye en un factor de riesgo de relativa importancia en las estadísticas del VIH/SIDA.

En la frontera sur se presenta un escenario diferente pero igualmente de alto riesgo para la diseminación del VIH. El paso principal de la frontera sur de México involucra a Ciudad Hidalgo en el lado mexicano y a Tecun Umán en territorio guatemalteco. La dinámica que allí existe, que describiremos a continuación, tiene la particularidad de que se origina en territorios muy alejados, el conjunto de la región centroamericana, pero puede afectar, al menos potencialmente, a regiones distintas de la frontera por las que transitan y a donde finalmente llegan los migrantes.

En la ciudad de Tecum Umán se concentra un incesante tráfico de traileros que transportan sus mercancías desde los diversos países de Centroamérica: Panamá, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Guatemala, en dirección a los Estados Unidos de América. Para ello atraviesan Ciudad Hidalgo donde muchos se detienen durante unos días antes de seguir su ruta hacia el norte. El recorrido hacia el norte se hace por diversos caminos y la entrada a la Unión Americana por diversos pasos fronterizos. El regreso tiene los mismos o similares recorridos. Además de los traileros, muchos ciudadanos de los países centroamericanos hacen el mismo recorrido con el fin de llegar al norte en busca de empleo. Una proporción importante de ellos son mujeres, que para subsistir, ejercen actividades de sexo comercial.

Tanto en Ciudad Hidalgo como Tecun Umán son utilizadas por cientos de mujeres migrantes centroamericanas como zonas de tránsito en las que permanecen un promedio de tres meses con el objeto de encontrar fondos suficientes y el contacto para trasladarse a los Estados Unidos de América, su destino final. Esta transitoriedad ha dado lugar a una forma de comercio sexual eventual. Esto significa que la prostitución no es necesariamente una actividad profesional en la vida de estas mujeres. La necesidad de conseguir dinero rápidamente para el viaje ha incrementado notablemente la actividad del comercio sexual en las zonas fronterizas elevando los riesgos de contagio del VIH/ETS.

En un estudio realizado en Ciudad Hidalgo (5) se constató que la gran mayoría de las trabajadoras sexuales, el 93% son indocumentadas, el 73% son de Guatemala, el 11% de El Salvador, 9% de Honduras y sólo el 7% de México. La información con la que se cuenta de Tecum Umán, resultante de una visita y de información obtenida en la zona, señala que allí se encuentran funcionando 25 locales destinados al ejercicio del sexo comercial, la mayoría de ellos en condiciones higiénicas y sanitarias deplorables. A ello hay que agregar que las actividades del sexo comercial que se realizan en muchos lugares no identificados, como prostíbulos y en los mismos vehículos de los traileros. La prevención del VIH/SIDA y del resto de las enfermedades de transmisión sexual es extremadamente pobre y se caracteriza por desconocimientos básicos. Por ejemplo, es generalizada la creencia de que la prueba para la detección del VIH es un mecanismo de protección contra la infección y que esta es evidente a través de signos corporales; el uso del condón es inconsistente y su frecuencia extremadamente baja.

Las tres investigaciones reportadas se han constituido en un elemento central para fundamentar y diseñar intervenciones educativas en ambas fronteras y con las poblaciones afectadas por esos movimientos migratorios. Se trata de un claro ejemplo donde la rigurosa investigación académica apoya y sustenta la formulación de políticas.




Notas:

1. Una versión anterior de este trabajo fue presentado en un Simposio sobre SIDA, organizado por el doctor Guillermo Soberón en el marco de actividades de El Colegio Nacional en la Academia Nacional de Medicina.

2. Bronfam M, y Ramírez M: La Relación migración - SIDA en las Conferencias Internacionales sobre el SIDA 1988 - 1992; en Acción en SIDA Enero Marzo 1993.

3. M. Bronfman y N. Minello: Hábitos sexuales de los migrantes mexicanos a los Estados Unidos de América. Prácticas de riesgo para la infección por VIH; en Bronfman M, et al SIDA en México. Migración, adolescencia y género. Editorial EDIPESA, Mex. 1995.

4. M. Bronfman y Rubin-Kurtzman, J. Comportamiento de los inmigrantes mexicanos temporales a Los Ángeles; trabajo presentado en la IV Reunión Nacional de Investigación Demográfica, 1995 - en prensa.

5. Uribe Zuñiga, P., Bronfman, M, et. Al.: Migration, Commercial Sex an HIV infection: Problems and posible interventions. Trabajo presentado en la XI Conferencia Internacional sobre SIDA en julio de 1996, en Vancouver, Canadá.


Comentario del director de SIDA Hoy:

Actualmente es necesario abordar al SIDA como un problema global y es en la migración donde con mayor claridad se observa esta transnacionalización de una enfermedad que no reconoce fronteras. Hablar de sus manifestaciones en México, es referirse simultáneamente, aunque con pequeñas variantes al problema de las naciones de Centroamérica.

Hay varias situaciones de la migración que será necesario investigar, pero sobre las que es válido establecer algunas premisas.

Una de ellas es el impacto posible de las campañas de prevención entre una población con un alto índice de analfabetismo, para quienes un folleto o un cartel tienen poco significado. Otra de ellas es que las campañas están diseñadas bajo un esquema mental sobre la vida y la muerte según el modelo urbano y de cultura occidental, cuya interpretación no necesariamente coincide con la de los pueblos de los que se nutren las migraciones.

Ya señala en su texto el doctor Bronfman, como aun superadas las barreras del lenguaje, esto no siempre garantiza la exactitud del mensaje: cita el caso de quienes se sienten a salvo, como lo estarían con una vacuna, por el hecho de haberse realizado la prueba de detección. ¿Pensamiento mágico o simplemente una incorrecta interpretación de la información?

Un segundo problema se constituye por la falta de elementos de diagnóstico , desde los lugares donde el trabajador emigrante trabaja en los Estados Unidos y en los cuales seguramente no existen facilidades médicas para los campesinos migrantes, que encuentran con dificultad las necesarias para cubrir sus requerimientos mínimos de comodidad.

En cambio sí hay noticias de que periódicamente arriban a esos sitios de trabajo grupos de prostitutas a ofrecer sus servicios en giras que abarcan determinadas zonas específicas destinadas al trabajo de los migrantes.

Los trabajadores, algunos de ellos infectados, regresan a sus comunidades en México y Centroamérica, donde en muchos casos no existen instalaciones de salud y en los lugares donde los hay posiblemente se carezca de médico, y habiéndolo, es posible que éste no tenga los conocimientos para detectar o aun atender algún caso de infección por VIH o de SIDA que se le pudiera presentar. Aun sospechándolo seguramente carece de los elementos para comprobarlo, como son equipos y reactivos a una distancia que permita efectuarlos y, si en el mejor de los casos, lográramos reunir todas estas condiciones de manera positiva, al final nos encontraríamos que ello desemboca en una imposibilidad de proporcionarle atención médica adecuada y los tratamientos necesarios, de los que un alto índice de la población urbana, concentrada en las grandes ciudades, carece totalmente.

Hablamos de 4 millones de mexicanos migrantes, percibimos la magnitud del problema, aunque no tengamos la medida exacta de él, sentimos que ahí está un foco que no ha sido atendido debidamente y cuyas consecuencias, creemos, se mostrarán en muy pocos años.


[Regreso a la página del VIH/SIDA]


[Regreso a la página principal]