INFECCIÓN POR VIH-1
UN RETO PARA TODOS

Por el Doctor Luis Enrique Soto


La infección por el virus de inmunodeficiencia humana tipo 1 (VIH1) y la consecuencia final de esta, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), son eventos cada vez más familiares a la población mundial. Con mas de 35 millones de individuos infectados en el mundo y 18,000 nuevas infecciones diarias, abarcando casi todos los países del orbe este proceso infeccioso dista de ser una página de la historia pronta a terminar y nunca una que vaya a olvidarse. Mas aún que la frialdad o la gran magnitud de estos números esta la cada vez más frecuente experiencia de un hermano, un amigo o un conocido que sufre o ha fallecido a consecuencia de este padecimiento. Es claro que no podemos mas ser ajenos a este problema sin embargo, parece que tratamos de minimizarlo, de negarlo, de atribuirlo a un riesgo pero únicamente para los demás y de esconderlo a nuestros hijos, nietos, etc., siendo esta una actitud que pudiera traernos consecuencias my graves. Hemos aprendido con desconsuelo que aunque en algunos casos como Tailandia en donde la información en ciertos grupos ha modificado conductas y disminuido la posibilidad de adquisición de VIH, el mayor conocimiento acerca del virus y sus efectos, no ha tenido mayores repercusiones en las actitudes de la mayoría ni modificado aquellas prácticas consideradas de riesgo. Así, con incredulidad vemos a aquel que a pesar de haber vivido en carne propia con un familiar o conocido el dolor y la estigmatización de este padecimiento, continua exponiéndose a un posible contagio y que quizá nosotros mismos lo seguimos haciendo.

Siendo el factor biológico más importante de esta infección, la invasión y destrucción por parte del virus de las células coordinadoras del sistema de defensa del individuo (linfocitos CD4+), probablemente su factor social más importante sea el de afectar una de las conductas mas intimas de cada individuo como lo es la sexualidad. Ambos factores son una gran barrera para poder lograr el control de esta pandemia ya sea local o globalmente. Así como el linfocito no productivamente infectado, es decir aquel que posee el virus en su genoma pero que no lo replica activamente es el responsable de la persistencia viral después de tratamiento prolongado y potente (triple e incluso cuádruple) y por lo tanto de la incapacidad de poder curar a un individuo; la dificultad de influenciar una conducta humana tan instintiva, individual, determinada por reglas morales y que implica en ocasiones intereses comerciales individuales y grupales como lo es la sexualidad, es el principal factor en el fracaso de las campañas preventivas en ausencia de una vacuna y de la remota posibilidad de que esta aparezca en la siguiente década.

Con objeto de negar nuestro sonado fracaso preventivo y conductual hemos puesto nuestra esperanza en los avances científicos, los cuales por otra parte y a pesar de la gran cantidad de dinero invertido han sufrido un vaivén considerable y la natural que no agradable ni deseada participación de intereses comerciales. Así, pasamos del importante descubrimiento del virus dos años después del reporte de los primeros casos de SIDA, al desesperante reconocimiento de un agente biológico que parece tener todos los mecanismos para eludir nuestros más imaginativos esfuerzos combativos, ya sea escapando al sistema inmune, desarrollando resistencia a medicamentos antirretrovirales o adaptándose para una mayor facilidad para poder transmitirse en una forma determinada. Hemos pasado así mismo de no tener ningún medio para combatir la enfermedad a contar primero con azidotimidina y prontamente notar que su efecto como monoterapia dura escasamente un año. Mas recientemente vivimos la transición de la euforia de Vancouver al presentar los excitantes resultados de la terapia triple a la increíble desubicación de Ginebra ante la cada vez más frecuente resistencia a dichos medicamentos, a la ausencia de efectivos tratamientos de rescate y a lo poco promisorio de los medicamentos que están en la línea de prueba para ser utilizados clínicamente. Pero mas aún, el verdadero golpe sufrido en Ginebra es el de la inequidad. Tenemos medicamentos efectivos pero que solo llegan al 10% del total de los afectados por esta infección y desde luego prácticamente no existen para aquellos de países extremadamente pobres. En los Estados Unidos de América el uso de los inhibidores de proteasa ha desplazado al SIDA de la primera a la quinta causa de muerte en individuos de 25 a 44 años, pero en Africa prácticamente no ha tenido ningún efecto. Por otra parte, el acceso universal a medicamentos en países en desarrollo no solo ha traído en algunos casos importantes repercusiones en la economía de dichos países sino que se ha encontrado con problemas no esperados como el defectuoso abasto y distribución de medicamentos y el uso inadecuado por parte del paciente y del médico. Así la infección por VIH1 y el SIDA es un problema mundial a varios niveles, económico, científico, político, pero especialmente social en el que todo el mundo esta inmerso y cuya salida no parece estar temporalmente cercana.

En este contexto, México obviamente no ha escapado a ninguno de los componentes ya mencionados del problema pero tiene ventaja en algunos y se ha resentido de algunos otros. La epidemia en México tiene afortunadamente una baja proporción de casos de infección por VIH1 con relación al número de habitantes. El total de casos acumulados en esta proporción coloca a México en el lugar 69 a nivel del mundo y en el 29 en América Latina y el Caribe. Desde 1996 el número de casos de SIDA se ha estabilizado alrededor de 4,000 casos por año. El cambio más significativo en transmisión ha ocurrido en las mujeres y niños, en los cuales la primera causa dejó de ser la transfusión sanguínea y es ahora la heterosexual y la perinatal respectivamente. Mientras que la transmisión perinatal se ha comenzado a combatir con el tratamiento disponible para todas las mujeres embarazadas e infectadas, la heterosexual que se presenta especialmente en mujeres de comunidades rurales es todo un reto para su control. Contando el retraso en el reporte de casos y aquellos que no son reportados ya sea intencionalmente o en ocasiones por dificultades con el reporte mismo, a finales de 1998 existen aproximadamente 60,000 casos de SIDA y alrededor de 200,000 infectados por VIH en México, lo que implica aproximadamente 1 de cada 500 mexicanos infectados, desde luego distribuidos irregularmente. El SIDA es la tercera causa de muerte en hombres y la sexta en mujeres de 25 a 44 años, lo que desde luego implica un costo social y económico muy importante pero que no ha sido adecuadamente estimado en nuestro país.

 

Debido al sistema de salud existente en México, a pesar de que los antirretrovirales fueron registrados en forma por demás rápida, solo cerca del 50% de los individuos infectados tienen acceso a medicamentos, gracias a la introducción de estos por la Seguridad Social. Sin embargo, aún en las organizaciones que proveen de medicamentos a sus pacientes, los problemas no se han resuelto adecuadamente. Esto esta relacionado básicamente con la falta de una adecuada percepción de lo que esta medida significa en realidad. No existen cálculos adecuados del costobeneficio de otorgar los medicamentos ya que no se han estimado muchos de los beneficios como la ganancia en productividad de los individuos tratados y la desaparición de gastos hospitalarios e incluso de consulta externa y desde luego los extremadamente difíciles de evaluar como son los relacionados a las repercusiones personales y familiares que se obtienen al mejorar la calidad de vida de los individuos tratados. Esto nos hace pensar que administrativamente se ha pensado en el tratamiento del VIH/SIDA como un gasto y no se ha conceptualizado como una inversión en esta infección/enfermedad lo que seguramente cambiaría drásticamente los resultados obtenidos. Esto a su vez trae repercusiones importantes ya que los medicamentos están siendo administrados en ocasiones por médicos no adecuadamente entrenados, con poco interés e incluso rechazo por pacientes infectados y en condiciones no ideales como en ausencia de parámetros laboratoriales de seguimiento como la determinación de carga viral, con la consecuente disminución del beneficio personal, institucional y global. Estos problemas deberán de ser tomados en cuenta por cualquier maniobra o estrategia que pretenda otorgar una cobertura masiva de acceso a medicamentos.

A nivel preventivo los esfuerzos pasados, presentes y aquellos planteados para el futuro a nivel de educación masiva y facilidad de acceso a la información parecen tener poca repercusión en las actitudes y mucha menor en las prácticas de la población en riesgo para adquirir VIH. La actitud y cultura de los mexicanos con relación a la sexualidad tiene que ver importantemente con la pobre respuesta obtenida. La solución no es sencilla porque implica un cambio en la estructura de pensamiento y para esto deberemos de esperar el paso de una generación completa educada con un concepto totalmente diferente, sin embargo es claro que no debemos de esperar mas tiempo para no perder esta oportunidad y tener que exponer a otra generación. Al respecto, el esfuerzo debe de ser no solo a nivel masivo sino comenzar desde el nivel familiar. En efecto, los padres deberemos de preocuparnos por adquirir la información adecuada y por transmitirla a nuestros hijos. No es el momento de educaciones ocultistas, es el momento de enfrentar la verdad, una verdad no agradable y de preparar individuos para vivir en los tiempos del SIDA, pero enfrentando el problema no temiéndole y negándolo. Y así familiar y socialmente debemos de organizar un esfuerzo de ayuda a nuestros semejantes. Dado que vivimos en un país con problemas económicos la participación de todos va a facilitar una adecuada atención de aquellos que están infectados y enfermos. Esta participación debe comenzar desde la no estigmatización de aquellos afectados, pasar por dar mayores oportunidades laborales a los mismos y llegar hasta la participación económica de empresas con alto poder financiero con donativos que mejoren la atención de los enfermos. Esta pandemia es un evento de la naturaleza como otros que forman y han formado parte de la historia de la humanidad. No es culpa de nadie ni es responsabilidad única de las instituciones gubernamentales. Es un evento humano y que debe de ser solucionado por todos los humanos en cada uno de los niveles posibles.

Los retos son múltiples para combatir esta pandemia y aún con todos los problemas ya expuestos es claro que no podemos perder la batalla. Y no la podemos perder porque existen en todo el mundo aquellas personas que infectadas luchan denodadamente no solo por cuidar su salud sino por ayudar a todos los que sufren del mismo mal y no dejan de luchar respetando los derechos de todos, incluso de aquellos que no han respetado los suyos. No podemos perder porque existen muchos no infectados que luchan de igual manera, porque todavía hay científicos que quieren encontrar soluciones, no premios ni apoyos financieros para solamente perpetuar investigaciones sin gran repercusión y porque todos nosotros debemos de luchar por ofrecer a nuestros hijos, nietos y al mundo en general un mejor mundo en donde vivir. Muchos de estos esfuerzos reconocidamente heroicos, sería preferible que fueran mas comunes y frecuentes que extraños y aislados y tan sorprendentes que se consideran extraordinarios. Debemos aprender a hacer sin tener que sufrir o ver sufrir en forma cercana, a actuar en forma racional mas que instintiva y a motivarnos por amor mas que por miedo. Solo así podremos minimizar la imponente figura de este enemigo.

 

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