El VIH/SIDA Y LAS MUJERES

Por las maestras Cristina Herrera
y Lourdes Campero


La especificidad del VIH/SIDA en las mujeres está lejos de ser un problema unánimemente reconocido, y más aún de ser considerado una prioridad dentro de las políticas de salud dirigidas a la atención y prevención de la epidemia. Muchos de los programas que tanto los gobiernos como las instituciones y organizaciones han desarrollado, no han sido orientados específicamente hacia las mujeres. El haber impulsado el concepto de grupos de riesgo, durante la primera década de la epidemia, entre otros problemas, ha traído como consecuencia que a la mujer como tal no se la considere como un sector de la población en riesgo.

Los grupos de activistas tal vez más indicados para promover en las agendas el tema de la mujer y el VIH/SIDA - pensamos básicamente en las agrupaciones de inspiración feminista, por un lado y en las iniciativas civiles para combatir el VIH/SIDA, por el otro -, tampoco le han dedicado la suficiente atención, o si lo han hecho, mantienen al respecto posturas encontradas. Algunas organizaciones con experiencia en la lucha contra el VIH/SIDA, lidereadas en general por hombres de la comunidad gay, que implícita o explícitamente se adhieren al argumento según el cual habría que cuestionar el supuesto carácter femenino, joven, pobre y rural que ha adquirido el nuevo rostro de la epidemia, y si ésta no es en realidad una afirmación demasiado apresurada y carente de datos que la fundamenten?. Por su parte, el perfil de las mujeres más amenazadas de infección por VIH no coincide en general con el de muchas militantes feministas o estudiosas de los temas de género, por lo que se ha señalado que difícilmente éstas puedan constituirse en la voz de aquéllas.

Ante un panorama de crecientes necesidades y decrecientes recursos, el debate está entonces directamente relacionado con la capacidad que cada grupo logra adquirir, para hacerse consciente del problema, en primer lugar, y volverlo visible, en segundo, lo que necesariamente implica debates y negociaciones. Es así como actualmente se discute si las intervenciones deben seguir dirigiéndose mayoritariamente a aquellos grupos tradicional y poco felizmente considerados "de riesgo" - típicamente hombres con prácticas homosexuales y trabajadoras/es sexuales en las grandes ciudades -, o si debiese optarse por una estrategia más abarcadora, cuya "población blanco" serían los y las adolescentes, las "amas de casa" o la población rural, de forma general. Esta segunda estrategia obviamente plantea mayores desafíos, dada la dificultad para acceder a estos amplios y heterogéneos sectores, de manera efectiva.

Lo cierto es que más allá de la polémica, no puede negarse que, aun cuando el VIH/SIDA siga prevaleciendo a nivel global en población masculina, urbana y con prácticas homosexuales o bisexuales, la tendencia internacional muestra claramente que esta epidemia cada vez afecta más fuertemente a la población femenina, en particular a la más pobre y carente de poder.

La desigualdad de poder que tradicionalmente ha desfavorecido a las mujeres, junto con la dificultad de muchas de ellas para acceder al ingreso, la educación, la información o la atención adecuada de la salud, se combinan para formar un cuadro de escasa capacidad para hacer visible su situación y negociar derechos, tanto en la vida doméstica como en las arenas públicas. Es preciso reconocer que la mayoría de las mujeres de nuestra región se encuentra en esta situación, lo que las coloca en un lugar de gran vulnerabilidad frente a la posibilidad de contagio de ITS/SIDA, no sólo en prácticas, sino en general en una vida marcada por el riesgo.

El llamado de atención sobre la particular vulnerabilidad de las mujeres es relativamente reciente. Se ha señalado que esta vulnerabilidad tiene múltiples caras: biológica, epidemiológica, social y cultural. Se ha comprobado que en la relación heterosexual la mujer es biológicamente más vulnerable por varios motivos: primero, la zona de exposición al virus durante la relación coital es de mayor superficie en la mujer, segundo, ésta por lo general asume la posición pasiva en la relación, y tercero, la carga viral es mayor en el semen que en los fluidos vaginales que se ponen en contacto al mantener relaciones sexuales. Epidemiológicamente, si bien la proporción de mujeres que se infectan sigue siendo menor que la de los hombres, ha aumentado a una velocidad preocupante en casi todo el mundo, siendo crítica en algunos países de Africa Sub-sahariana donde incluso está sobrepasando a la de los hombres. Socialmente, las mujeres del tercer mundo siguen teniendo menor acceso a la educación y al ingreso, lo que las vuelve más dependientes de los varones y con escasas posibilidades de acceder a información y servicios adecuados de salud. Culturalmente, la ideología tradicional de las relaciones de género dificulta una mejor posición de las mujeres para negociar prácticas de sexo más seguro con sus parejas. Esto sucede por ignorancia o aceptación de las múltiples parejas de sus compañeros con frecuencia de ambos sexos -, y porque la moral de género no permite a la mujer hablar abiertamente de sexo, si no desea verse como sospechosa de "mala mujer".

La ideología de género está presente incluso en los enfoques de prevención y atención mejor intencionados, al considerar a la mujer como agente transmisor del virus - y pocas veces como víctima ella misma-, en sus dos acepciones más clásicas: como "madre", transmitiendo el virus a su bebé - cuyos derechos tienden a prevalecer por sobre los de su madre -, o como "prostituta", contagiando a otros hombres que eventualmente contagiarán a sus parejas. Existe poca conciencia sobre la vulnerabilidad y derecho a la salud de las mujeres en tanto tales y, desafortunadamente, con frecuencia también en las propias mujeres.

Dentro de esta situación general; sin embargo, pueden identificarse grupos más vulnerables que otros: en primer lugar las mujeres de los sectores sociales desfavorecidos y dentro de ellos, el grupo de las niñas y adolescentes - tanto por la inmadurez de su aparato reproductor como por deficiencias en la educación sexual-, el de las mujeres cuya pareja está particularmente expuesta a incurrir en prácticas de riesgo - por ejemplo las mujeres de migrantes temporarios - y finalmente el de las mujeres que intercambian sexo por dinero o drogas, que si bien ya ha sido objeto de muchas intervenciones, sigue constituyendo un grupo vulnerable cada vez más numeroso. Muchas mujeres, de hecho, pertenecen a varias de estas categorías al mismo tiempo.

Revertir esta situación, lo sabemos, es un reto de largo aliento. No es fácil cambiar relaciones de poder arraigadas desde tiempos inmemoriales ni acabar con desigualdades sociales que tienden a agudizarse, en particular en nuestra región. Reconocemos que la epidemia del VIH/SIDA no espera a que esta utopía sea una realidad, y que requiere de intervenciones efectivas y urgentes. Pero creemos que la tarea no debe aplazarse, no sólo por parte de las autoridades que tienen en sus manos la toma de decisiones alrededor de estos problemas, sino fundamentalmente por parte de quienes están más cerca de las personas afectadas y de los sectores más vulnerables.

Se ha comprobado que las intervenciones más efectivas son aquellas basadas en la comunidad, es decir las que se dan entre iguales. Esta tarea implica un paso previo: el de dotar de poder a las propias mujeres. Afortunadamente cada vez son más quienes han tomado conciencia y dado pasos en esta dirección. Las organizaciones de mujeres que creativamente están diseñando acciones y estudios dirigidos al tema específico de la mujer y el VIH/SIDA, aumentan año con año en toda la región, incluido México. Hemos podido constatar este hecho a través de la experiencia del Grupo Latinoamericano de Trabajo en Mujer y SIDA: GLAMS, orientado precisamente a incentivar la investigación y acción en torno a la mujer y el VIH/SIDA, con una perspectiva de género.

El grupo surgió a partir de una reunión realizada en 1955, con académicos y activistas que trabajaban en el tema de Mujer y SIDA en diferentes países de América Latina, con el fin de perfilar las prioridades regionales de investigación y acción sobre el tema. En esta reunión se presentaron trabajos sobre la epidemia del SIDA, y en particular la situación de las mujeres. A través de las discusiones colectivas y como producto final, se diseñó una "Agenda de Prioridades de Investigación - acción sobre SIDA y Mujer para la Región Latinoamericana" y se constituyó el GLAMS, que presentó a la Fundación MacArthur una propuesta de trabajo para tres años de 1996 a 1998. Esta propuesta se ha puntualizado y modificado en algunos aspectos y entre otras cosas, su vigencia continúa y continuará hasta mediados del año 2000. Sin embargo, se están buscando nuevos apoyos para poder continuar con el trabajo que se está desarrollando y ampliar sus objetivos y tareas.

 

GLAMS tiene una perspectiva de género para entender el problema del VIH/SIDA en las mujeres, y entiende que el control de la epidemia sólo puede darse si se concibe a éste como un continuo que abarca desde la prevención, hasta la atención a las mujeres que viven con VIH/SIDA. Por tanto, el abordaje que ha venido rigiendo sus actividades es el de promover, dentro de la lucha contra el SIDA, trabajos sobre asuntos relacionados con la vulnerabilidad de la mujer al VIH/SIDA, sin dejar de abogar porque se brinden buenos servicios de salud y por los derechos humanos de las mujeres que viven con VIH/SIDA, dentro de la región de América Latina.

Actualmente, el grupo tiene el objetivo general de promover la investigación, acción y difusión de la problemática del SIDA en la Mujer latinoamericana, con el doble propósito de: a) conocer mejor- y dar a conocer- la situación de la población femenina más vulnerable a la epidemia, para evaluar y proponer estrategias más eficientes de intervención para la prevención, y b) promover la visualización de esta población y de esta problemática, a fin de que el tema del SIDA en la Mujer forme parte de las agendas políticas de los países de la región de manera más efectiva.

Entre las diferentes acciones que este grupo ha desarrollado hasta el momento, se han realizado dos convocatorias: una en 1997-1998 y otra en 1999-2000, a Organizaciones no gubernamentales de toda América Latina, para que presenten propuestas de investigación - acción en el tema de Mujer y VIH/SIDA - recibiéndose aproximadamente unas 200 propuestas de ambas convocatorias-. Se ha contado con presupuesto para financiar sólo a algunas de éstas, por lo que se han seleccionado 12 proyectos para tal fin. Los proyectos que se han privilegiado están en estrecha relación con los grupos reconocidos internacionalmente como los más vulnerables dentro de la población femenina, tales como: adolescentes, compañeras de hombres migrantes, mujeres que ofrecen sexo por dinero o drogas, mujeres indígenas y mujeres con compañeros que tienen múltiples parejas sexuales ya sea heterosexuales o bisexuales.

Así también los trabajos que se han apoyado, tienen una perspectiva de género y su acción está dirigida hacia la información directa y el empoderamiento de las mujeres, a través de la apropiación de su cuerpo y del cuidado de su salud. Otro aspecto que GLAMS ha querido impulsar es el sumar o complementar los talentos de académicos y representantes de Organizaciones no gubernamentales de la región, para el desarrollo de estas propuestas de investigación - acción y, de ser posible, también la colaboración con alguna instancia gubernamental.

Esta experiencia nos ha permitido tener un panorama aproximado de las necesidades de la región en cuanto al problema del SIDA y las mujeres, y al mismo tiempo constatar el fenómeno de la creciente tendencia a la sensibilización y organización de la sociedad civil alrededor del tema. Las propuestas enviadas por Organizaciones no gubernamentales de México son apenas una muestra alentadora de ello. A las convocatorias han respondido 13 diferentes grupos mexicanos con propuestas diversas, que han sido desarrolladas por Organizaciones no gubernamentales de diferentes partes de la república: Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Veracruz, Puebla, Distrito Federal, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas. Pertenecen a Organizaciones no gubernamentales que, si bien no necesariamente han sido de nueva creación, para la mayoría de éstas, el desarrollo del trabajo con el tema específico de Mujer y SIDA, sí lo es. Aproximadamente la mitad de las propuestas recibidas pertenece a organizaciones con trabajo desarrollado en el tema de mujer y SIDA durante los últimos 5 años.

De manera general, se pueden agrupar las principales actividades que estas organizaciones desarrollan en relación con el tema de Mujer y SIDA, de la siguiente manera:

Las propuestas generalmente se enmarcan en los objetivos generales de las organizaciones. En algunos casos son parte de su agenda de trabajo planteada, y en otros, son propuestas nuevas a desarrollar. Cabe mencionar que la mayoría de las propuestas recibidas vinculan su trabajo con instituciones académicas o públicas de la región.

Buscando agrupar estas propuestas, podríamos decir que esencialmente su población blanco es: trabajadoras del sexo, en algunos casos también con adicciones intravenosas; mujeres migrantes o esposas de migrantes, mujeres de comunidades con altos índices de turismo; mujeres amas de casa de diferentes comunidades populares o rurales; mujeres jóvenes universitarias; y mujeres seropositivas.

Sus objetivos están dirigidos principalmente a:

Es importante señalar que la mayoría de las propuestas combinan dos o más objetivos de los que aquí se enuncian.

Lo anterior pretende ofrecer un panorama de las necesidades y respuestas que se están comenzando a formular entre las organizaciones civiles sensibilizadas al problema de la Mujer y el VIH/SIDA. Como señalamos más arriba, el fenómeno de la organización de las propias mujeres alrededor del problema es relativamente incipiente, e insuficiente si se lo compara con la magnitud de la amenaza que constituye el VIH/SIDA en poblaciones de por sí vulnerables desde todo punto de vista. Queda mucho por hacer, investigar y decidir, pero los esfuerzos que hemos podido conocer y/o apoyar nos alientan a continuar por este camino.

 

Bibliografía

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