SEXUALIDAD y SIDA

por el sexologo Víctor Manuel Velasco


El SIDA, como muchos hechos de la vida, puede ser tomado como una tragedia ante la cual no hay nada que hacer, o bien, como una oportunidad para hacer cambios en nuestras vidas.

Si decidimos que sea una oportunidad de hacer cambios y encontrar un nuevo sentido a nuestra vida, tenemos que transformar la visión que tenemos del SIDA como una sentencia absoluta de muerte, y convertirla en punto de partida para hacer cambios físicos, mentales y espirituales que permitan incrementar la calidad de nuestras vidas y la de todas aquellas personas involucradas.

Dentro de los cambios que deberán hacerse están aquellos que implican a nuestra sexualidad, entendida como la posibilidad del intercambio de afectos y como el ejercicio del placer corporal.

En primer lugar tenemos que entender que la sexualidad es algo positivo, que hace agradables nuestras vidas. Por lo tanto, lo primero para ejercer nuestra sexualidad como una oportunidad de placer y bienestar, es asumir que nuestro cuerpo y nuestros deseos sexuales son digno motivo de alegría y no una manifestación de pecado o un motivo de castigo.

Nuestra sexualidad tiene componentes biológicos, psicológicos, sociales y espirituales. En especial los elementos sociales van construyendo nuestra sexualidad de acuerdo a las normas que en nuestra sociedad aprueban determinados comportamientos y rechazan otros. Estas normas y valores los vamos incorporando desde que aprendemos el lenguaje. Lo cual hacemos de forma acrítica, hasta que en algún momento de nuestras vidas descubrimos que hemos venido repitiendo frases y conceptos que posiblemente no corresponden a nuestra realidad personal y nos limitan y hacen sentir culpables.

Frecuentemente encontramos que las normas sociales no se ajustan a las necesidades de las personas concretas, son por tanto reglas que no tienen sentido.

Cuando una persona tiene necesidades y comportamientos sexuales que no se ajustan a las normas sociales, puede sentirse obligada a actuar de manera no auténtica, lo cual genera en ella culpa y ansiedad, lo que además la predispone a disminuir sus defensas inmunológicas.

La misma persona puede, sin embargo, descubrir que por el solo hecho de existir, es digna de respeto en todos los aspectos de su vida y en vez de ocultarse puede asumir la responsabilidad de su propia vida y ser feliz respondiendo a sus necesidades.

Es muy frecuente que cuando una persona sabe que ha adquirido el VIH/SIDA, cancela su vida sexual, lo cual significa que ha empezado a morir física, mental y espiritualmente.

Por eso es muy importante recuperar la sexualidad. Insistamos, lo primero que debe hacerse para recuperarla es amar y respetar el propio cuerpo, las emociones y deseos y no culparse por ello. Sin embargo, esto no es fácil, pues cuando una persona se entera de que vive con el SIDA, pueden aparecer en ella diversos sentimientos relacionados con el duelo, lo que implica saberse con una enfermedad que ha sido clasificada como incurable, progresiva y mortal. Estos sentimientos incluyen ansiedad, depresión, incertidumbre, agresión, sentirse víctimas y acrecentar el miedo a la muerte.

Todos estos sentimientos repercuten en la sexualidad y la transforman.

Entre las modificaciones que sufre la sexualidad de una persona que se sabe viviendo con VIH/SIDA, podemos anotar situaciones en que el deseo sexual desaparece. En otras ocasiones, aunque este deseo permanece, el miedo a transmitir el virus a otra persona o a reinfectarse a sí mismo, puede llevar a la decisión de no ejercer la sexualidad.

Otras veces, cada vez más raras, afortunadamente, el sentimiento de coraje, si no hay un adecuado apoyo psicológico, puede conducir a un deseo de desquite a través de intentar infectar a otras personas. En este caso el deseo puede no incrementarse, aun cuando la actividad sexual sí aumente, con un número mayor de parejas ocasionales. Obviamente al incrementarse el número de parejas, se aumentan también los riesgos de transmitir el virus y de reinfectarse por el VIH o de infectarse por otras enfermedades, todo lo cual acelera el avance hacia el SIDA.

Otra situación que se presenta es la de la pérdida de la pareja, ya sea porque la persona se entera de que está infectada en el momento en que su pareja enfermó o murió, o bien porque es abandonado por el compañero o compañera sexual, cuando se entera de que la persona está infectada por el VIH. Esto repercute en la autoestima y se traduce en un temor a establecer nuevas relaciones, que puede llevar a un aislamiento emocional y a la abstinencia sexual.

Una persona con VIH/SIDA, que se ha infectado por vía sexual, puede tener que enfrentarse a la necesidad de revelar, no sólo su enfermedad, que está muy estigmatizada, sino también a descubrir aspectos de su sexualidad que pueden ser socialmente inaceptados, como la homo o la bisexualidad, o bien el encontrarse involucrada en prácticas de riesgo que son consideradas inadecuadas y aun denigrantes, como tener diversas parejas sexuales o ejercer el trabajo sexual. Inclusive si no ha sido infectada por la vía sexual, puede sentirse obligada a justificar su vida intima, que a partir de ese momento se encontrará bajo sospecha.

Las mujeres heterosexuales que generalmente encuentran que su deseo sexual difícilmente puede ser expresado abiertamente, si se saben viviendo con VIH y asumen la necesidad de utilizar el condón, solicitando ésto a su pareja, se encuentran con una gran resistencia y/o desconocimiento de esa práctica, y si expresan su situación de seropositividad, se enfrentan al rechazo de su pareja y pierden la oportunidad del ejercicio de su sexualidad, encontrándose con estigmas y deterioro de su autoimagen que necesariamente repercuten negativamente en ellas.

Un factor adicional, cuyos efectos respecto a la sexualidad de las personas con VIH, no ha sido evaluado adecuadamente, es el efecto de los medicamentos que les son administrados. Sin embargo, es previsible que entre los efectos colaterales puede estar la disminución del apetito sexual, la disminución de la capacidad eréctil y del control eyaculatorio o la calidad de la lubricación vaginal. Obviamente la falta de investigación en este campo, obedece a que muchos médicos tienen el prejuicio de que la sexualidad no es algo vital y de lo cual no hay que preocuparse mucho en una persona destinada a morir de manera más o menos inmediata.

Después del primer periodo de duelo, se llega a un momento en el cual se decide hacer las paces con la vida y reconstruir la existencia sobre nuevas bases. Se empieza a asumir al VIH/SIDA como un elemento más de la vida cotidiana y a ajustarse a ello a partir de una actitud más general ante la vida. Se puede, como hemos dicho, vivirlo como una tragedia con culpa, y entonces resignarnos a morir en medio de lamentaciones, o bien, se puede asumir la situación con una actitud de respeto, autoaceptación y dignidad.

Si se ha asumido que se tiene derecho a la existencia y a la expresión de los deseos y afectos, es necesario entonces efectuar cambios en la vida, que afectarán en dos niveles; el primero de ellos es el que se relaciona con el amor hacia uno mismo, con la capacidad de dar y recibir afecto; el segundo nivel es el que se refiere al ejercicio del erotismo y del placer físico.

Aunque no es posible separar absolutamente el afecto y el erotismo en nuestras vidas, es posible, para fines didácticos, tratarlos por separado y de esta manera insistir en que el primer paso para poder construir relaciones creativas y amorosas, es hacerlo desde la aceptación de uno mismo como persona con todas las posibilidades y limitaciones que cada ser humano posee. Dentro de estas dificultades se encuentra la seropositividad al VIH, como un hecho más de la vida, que no hace a la persona ni mejor, ni peor, cuando mucho diferentes, pues se tiene una conciencia más clara de la finitud de la existencia y por lo tanto se está más consciente de la necesidad de vivir plenamente cada instante que poseemos.

Esta conciencia de la existencia podemos interpretarla como un regalo, y desde esa visión de la vida, asumir compromisos con sí mismo, para ser más honestos y respetuosos en las relaciones. Todo ser humano está obligado a relacionarse amorosamente con los seres que le rodean, por tanto, aunque no se ame a alguien en especial, existe la obligación de no engañar, de no exigir a cada quien más de lo que pueda dar y a no prometer nada que no podamos cumplir. Es decir, hay que relacionarse con cada persona conscientes de que cada ser humano es valioso.

En este sentido tenemos que partir del principio del respeto a las necesidades afectivas y eróticas de cada persona; de practicar la empatía, es decir, la capacidad de entender sus propias motivaciones, sin juzgarlas y de dar la aceptación incondicional, pues estas son las bases para construir una relación adecuada con cualquier persona. Pero aún más importante es que antes que con cualquier otro ser, se apliquen estas condiciones a la propia vida.

Si se hace así, se respetará la sexualidad de cada uno, que es única, sin exigir actuar distinto a como los sentimientos y necesidades profundas de cada quien lo pidan. Las personas portadoras del VIH deben relacionarse honestamente con quienes acepten su seropositividad, sabiendo que ésta no define a la persona, sino que en todo caso, define la capacidad humana de amar.

Para el ejercicio del placer físico, es importante saber que el VIH es un microorganismo que no se transmite fácilmente. Desde luego no se transmite por contacto casual, como saludarse, abrazarse, besarse, ni se transmite a través del aire; el virus requiere de fluidos corporales o tejidos orgánicos para ser transmitido.

Precisando, la transmisión requiere de una cantidad suficiente de virus que pase de una persona a otra; el VIH debe estar protegido del medio ambiente dentro de una célula viva; esta transmisión es posible a través de fluidos corporales, como semen, fluidos vaginales, sangre y sus componentes; y a través de heridas o mucosas, que aun sin heridas son permeables al virus, como las que recubren la uretra del pene, la vagina, el ano o el interior de la boca.

Si falta alguno de estos elementos no se puede producir la transmisión por vía sexual, lo cual tampoco ocurre si las vías de entrada se encuentran bloqueadas por algún tipo de pared que las proteja o si los caminos son cortados o los vehículos detenidos; así pues, para evitar el contagio se pueden utilizar diversas estrategias:

1. La abstinencia sexual, es decir no tener ningún tipo de contacto sexual. Esta estrategia puede ser útil para algunas personas que consideran que la sexualidad es algo que no pueden realizar por vivir con el virus causante del SIDA.

2. El autoerotismo, es decir, caricias que nos proporcionamos a nosotros mismos, que pueden ser acompañadas de estímulos visuales, verbales o de alguna fantasía para producir excitación y orgasmo. Podemos usar algunos juguetes sexuales.

3. El sexo protegido, que son aquellas prácticas en que hay penetración, pero se establecen barreras mecánicas como condón, cuadros de látex o de ega pack, para evitar el intercambio de fluidos corporales potencialmente transmisores del VIH.

4. El sexo llamado seguro, que consiste en todas aquellas prácticas para compartir estímulos táctiles, visuales, auditivos, olfativos, con compañía sexual, en las cuales se evita la penetración.



 
Los principios de una Vida Erótica Protegida son:

1. Considerar que en toda relación sexual nos involucramos con personas con igual dignidad humana y responsabilidad.

2. Aprender a desgenitalizar el ejercicio de nuestra sexualidad.

3. Utilizar instrumentos y técnicas que reduzcan el riesgo e incrementen el placer. Entre estos instrumentos se encuentra el condón.

4. Practicar la Protección Universal, lo cual significa que hay que evitar la posibilidad de reinfectarse y de propagar la infección, informando a toda persona que lo deba saber sobre el propio estado serológico. Sin embargo, como no es posible que las personas intercambien con todo el mundo la información sobre su estado serológico, ni es posible tomar examen a todos, lo mejor es que las prácticas de protección las utilicemos todos por igual, en especial en nuestra vida sexual, o cuando se implique contacto con sangre, como en cirugías o en ciertos procedimientos estéticos.

Es a partir de estos conocimientos que ha sido posible plantear una Vida Erótica Protegida, que se define como El conjunto de actitudes, conocimientos y prácticas, que nos permiten el ejercicio de nuestro deseo sexual y la obtención del placer, disminuyendo al máximo posible el riesgo de adquirir enfermedades de transmisión sexual.

Existe un condón femenino, que potencialmente tiene tantas ventajas o más que el masculino, sobre todo porque puede evitar que las mujeres tengan que negociar el uso del condón con su pareja.

La efectividad del condón masculino depende de la corrección de su uso.
 

A continuación presentamos las recomendaciones para el uso correcto del condón.
 


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